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Latinas se roban de oportunidades cuando no van al colegio
Por Ruthanne Salido

 
 



En la película popular “Real Women Have Curves” (“Las mujeres reales tienen curvas”), Ana, una joven de 18 años de edad y mexicana-americana de segunda generación, es una estudiante sobresaliente que desea asistir a la universidad. Pero la madre de Ana no quiere dejarla ir, pensando que Ana podría ayudar a la familia trabajando en el negocio de confección de ropa de su hermana.

La película es de ficción, pero existe en ella una perturbadora realidad: muy pocos latinos y latinas asisten a la universidad. En resumidas cuentas: sin una educación adecuada, uno no puede ganarse la vida decentemente.

De acuerdo con la Oficina de censos de los Estados Unidos, más de una de cada ocho personas en los Estados Unidos, durante el año 2002, era de origen latino. Sin embargo, sólo el 35 por ciento de los egresados latinos de la escuela secundaria entre 18 y 24 años de edad se inscribieron en la universidad, comparado con el 46 por ciento de estudiantes blancos, de acuerdo con un informe realizado por Richard Fry, investigador asociado senior del Centro hispano Pew, con sede en Annenberg School for Communication de USC.

El problema es particularmente perturbador para las latinas, que se están privando a sí mismas de oportunidades de crecimiento personal y profesional al no asistir a la universidad.

La universidad “no sólo potencia la forma en que las personas nos tratan sino también la forma en que nos sentimos con respecto a nosotros mismos”, dice Gustavo A. Mellander, profesor de liderazgo educativo y administración universitaria en la Universidad George Mason en Fairfax, Va.

Pero las latinas que no persiguen una educación superior se privan a sí mismas de algo aún más básico: el dinero.

Según un informe del Centro hispano Pew realizado por los investigadores Watson Scott Swail, Alberto F. Cabrera y Chul Lee del Instituto de política educativa, con sede en Washington D.C., “las personas que cuentan con una licenciatura tienen la oportunidad de ganar casi el doble de lo que gana un egresado de la escuela secundaria en su vida”.

Anteriormente los trabajadores a duras penas llevaban una vida de clase media buena, con un diploma de la escuela secundaria. Ya no. Según Mark Warschauer, profesor de educación en la UC de Irvine, todo un sector de trabajadores que contaban con trabajos sindicales ha desaparecido. Mellander, de George Mason, dice que la licenciatura “es una pantalla que las empresas y el gobierno utilizan para demostrar que somos inteligentes y que estamos estancados en eso”. Con tantos trabajos de niveles más bajos que se transfieren al extranjero, Mellander agrega: “Para conseguir un buen trabajo en los Estados Unidos, uno tiene que ser aún más competente.”

Lo que nos lleva nuevamente a la situación de Ana en “Real Women”: El panorama es que, años después, asistirá a la universidad tiempo completo. El problema es que, cuando muchas latinas lo hacen, ya no tienen “edad para la universidad”. ¿Qué hacer?

El primer paso para los estudiantes es encontrar una universidad con un programa académico que les inspire y hacer una cita para hablar con un consejero. Las oficinas de ayuda financiera pueden ayudar con los problemas económicos. Por cuestiones relacionadas con la administración de los horarios, especialmente para los estudiantes mayores que tienen trabajos y familias, el centro de servicios para el alumno o el centro de salud pueden proporcionar folletos, contactos para el cuidado de niños o incluso orientación. Los avisos sobre becas pueden encontrarse generalmente en las oficinas del departamento académico de cada asignatura principal. Los estudiantes que regresan y que conservan sus trabajos deben averiguar si sus empleadores ofrecen algún programa de devolución de colegiatura. La Universidad de Texas brinda uno de los tantos enlaces a todas las universidades de los Estados Unidos.

En la mayoría de los campuses existen programas de reingreso que satisfacen las necesidades de los alumnos que regresan, brindándoles no sólo información práctica, como asesoramiento en la inscripción, sino también apoyo emocional. “Una de las mayores cosas que logran aquí es la confianza en uno mismo”, dice Nancy Finelli, consejera de reingreso y coordinadora de programas para el Programa Lifelong Learning, que es parte del Centro para mujeres de la Universidad de Washington en Seattle.

Dichos centros también ofrecen un sentido de pertenencia. Los alumnos que regresan a la Universidad politécnica del estado de California, en Pomona, utilizan las oficinas del programa de reingreso como un “lugar de reunión”, dice Anita Roberts, coordinadora del programa. “Resulta ser que cada uno es el mejor recurso del otro.”

Entre los consejos que Roberts ofrece se encuentran los siguientes:

  • Desháganse de la noción de que son demasiado viejos para estudiar. “Tengo alumnos que dicen: ‘¡Tendré 40 años cuando me gradúe!’. Y yo les contesto que van a tener 40 años de todas formas, así que ¿por qué no tener 40 con un título?”
  • Resuelvan sus finanzas y la situación del cuidado en centros de día antes de comenzar a estudiar, no durante los exámenes parciales, porque sólo se estresarán.

El consejo final, según agrega Finelli, de Washington, es ser persistente. “No acepten un no por respuesta”, dice. “Acudan directamente al departamento y hablen con el director o la directora. Vayan directamente a la fuente.”

          

Rosicela A. Rosas, una estudiante de 53 años de edad en el Colegio universitario Glendale (California), está bastante familiarizada con los desafíos que presenta el volver a estudiar. Hace aproximadamente 35 años, se inscribió en la Universidad de la ciudad de Los Angeles. Pero, recordando la historia ficticia de Ana, Rosas no tuvo mucho apoyo. Rosa se casó joven y comenzó a tener hijos.

          

“Yo era mujer, por eso no era útil para la educación”, dice, haciendo eco de la filosofía que su familia tenía en ese momento. “Los latinos prestan mucha atención a sus padres”, por eso, si mamá y papá piensan que no tiene sentido que mija asista a la universidad, ella puede decidir no hacerlo. Pero Rosas dice que era obstinada, por eso se aferró a su sueño y finalmente comenzó a tomar clases. Hoy en día, sus hijos son grandes y ya tienen sus propios hijos. “Me encanta la universidad. Me encanta hacer preguntas. Y quiero ser un ejemplo para mis nietos.”

Ruthanne Salido es una escritora freelance que se encuentra en Los Angeles. Trabaja en la sección de edición de Los Angeles Times y dicta cursos de periodismo y comunicación en carreras universitarias de cuatro y de dos años, en California del Sur.

 

 
 
 

 

 
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